Un poco más de un mes después de la presentación de ‘No cerramos en agosto’ llega el momento de los agradecimientos. Porque hay muchos. A los que vinisteis a la librería Obaga de Gràcia un soleado sábado de junio (aquí os dejo unas cuantas fotos). A los que, por supuesto, comprasteis y habéis comprado el libro. A los que lo habéis leído ya y me habéis hecho llegar vuestros comentarios. Algunos de estos sois amigos, otros sois lectores desconocidos que habéis dedicado parte de vuestro tiempo no solo a la novela, sino a hacerme saber que os ha gustado y por qué. A veces me llega un comentario por Twitter o Instagram, otras veces a través del formulario de la web. Se agradecen muchísimo, porque provienen de la más absoluta generosidad. No tenéis por qué hacerlo, pero lo hacéis.

También estoy experimentado lo que significa estar al otro lado de la grabadora, es decir, siento entrevistado. Gracias a todos los periodistas que habéis hecho una reseña, un comentario, me habéis incluido en una selección o incluso me habéis dedicado un artículo entero. Se publican centenares de libros y soy plenamente consciente de lo que es que se te vayan amontonando tareas en el escritorio, como un rascacielos de papel. Pero habéis encontrado un hueco para mí, entre decenas de nombres mucho más conocidos que el mío.

Finalmente, también me parece fundamental agradecer la tarea de los libreros, sean de grandes espacios o de pequeños locales de barrio. También algunos me habéis hecho llegar vuestros comentarios, todos ellos positivos. Intento imaginarme cómo llega un lector en busca de consejo y vosotros lo dirigís a ‘No cerramos en agosto’. No porque tengáis algún interés concreto, sino simplemente porque estáis convencidos de que le va a gustar, y esa es vuestra parte del trabajo más importante. Seleccionar entre los miles de libros que tenéis a vuestro alcance aquel que intuís que más le va a gustar a la persona que os pide consejo. Y que entre todos los títulos que tenéis en vuestra base de datos mental esté el mío es algo increíble.

Hace un mes de la presentación de ‘No cerramos en agosto’ y este tiempo me ha servido para comprobar que, a pesar de todo, siempre hay hueco para uno más. Hace algo más de 30 días que tenía la duda de si yo, un autor totalmente desconocido, sin poder mediático ni contactos en las alturas, tenía alguna oportunidad en este sector editorial cada vez más concentrado e, intuyo, controlado. Pero la respuesta es que sí, porque más allá de grandes conglomerados, intereses económicos y campañas publicitarias están las personas. Lectores, libreros, editores, periodistas… Personas para las cuales solo importa una cosa: que un libro les haga pasar un buen rato. Y si he conseguido esto, solo puedo hacer más que dar botes de alegría.

Y eso que hace un calor infernal, como si agosto se hubiera adelantado un mes. Espero no haber tenido nada que ver.

Eduard

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